Por Mtro. Juan Carlos Chávez Martínez – 11/01/2025
La implementación de la Nueva Escuela Mexicana (NEM) marca un cambio significativo en la concepción de la educación, priorizando el desarrollo integral de los estudiantes y un aprendizaje centrado en saberes integrados. En este contexto, la evaluación también debe transformarse, pasando de un enfoque normativo y cuantitativo, basado en calificaciones numéricas, a un modelo formativo y cualitativo, cuyo objetivo principal es identificar el grado de aprendizaje y fomentar el desarrollo individual. Este cambio implica superar la práctica tradicional de exámenes estructurados y estandarizados, para adoptar métodos más flexibles y centrados en el estudiante. La evaluación formativa, como la propuesta en la NEM, no solo mide conocimientos, sino que también promueve la reflexión, la autoevaluación y la mejora continua. Además, la NEM contrasta con el enfoque del aprendizaje por competencias, que prioriza habilidades específicas para contextos laborales, ya que esta última se enfoca en resultados medibles, mientras que la NEM busca una formación integral y contextualizada, centrada en valores, equidad e inclusión.
Un referente clave para este cambio es el sistema educativo canadiense, reconocido mundialmente por sus prácticas innovadoras de evaluación. En Canadá, la evaluación tiene un enfoque centrado en el aprendizaje, utilizando herramientas cualitativas como portafolios, proyectos colaborativos, observaciones y retroalimentación constante. Una característica destacada de este sistema es la entrega de boletas de evaluación que no utilizan escalas numéricas, sino descriptores cualitativos como Emergente, En Desarrollo, Satisfactorio y Extensivo. Estas escalas permiten una valoración más precisa y significativa del progreso del estudiante, reconociendo que el aprendizaje es un proceso continuo y multifacético. Este modelo fomenta el aprendizaje autónomo y reconoce las diferentes formas de adquirir conocimientos, lo que resulta especialmente relevante en contextos diversos como el mexicano. Además, el enfoque canadiense promueve una participación activa de los estudiantes en su propio proceso de aprendizaje, alineándose con los principios de la NEM, que busca empoderar a los alumnos y fomentar su pensamiento crítico.
Adoptar un modelo inspirado en Canadá requiere cambios profundos en la formación docente, el diseño curricular y la percepción social de la evaluación. En México, este proceso debe considerar las particularidades culturales y contextuales del sistema educativo, como la diversidad lingüística y las desigualdades socioeconómicas. Sin embargo, la experiencia canadiense demuestra que es posible transitar hacia una evaluación más equitativa y efectiva, centrada en el aprendizaje y no en los resultados numéricos. Incorporar escalas cualitativas como las usadas en Canadá sería un paso crucial para fomentar una cultura educativa que valore el proceso sobre los resultados. Este cambio no solo mejorará los resultados educativos, sino que también contribuirá a formar ciudadanos críticos, reflexivos y comprometidos con su entorno, en consonancia con los ideales de la Nueva Escuela Mexicana.