Por Mtro. Juan Carlos Chávez Martínez – 20/09/2026
«Hemos cantado en todos los tonos la rebeldía indomable de la raza mixe», escribió la revista El Oaxaqueño el 22 de enero de 1933, antes de afirmar que «¡Los mixes no han conocido ningún yugo!». Ese «hemos» resulta revelador. El investigador Salvador Sigüenza Orozco, al estudiar el Homenaje Racial de 1932, antecedente de la actual Guelaguetza, advierte que la noción de los mixes como «los jamás conquistados» no fue propagada originalmente por ellos, sino por las élites culturales oaxaqueñas. Con el paso de los años, aquella representación adquirió tal fuerza que terminó instalada en el imaginario colectivo como si se tratara de una verdad histórica que siempre hubiera acompañado al pueblo mixe.
Esto no significa negar la resistencia mixe frente a los españoles, ampliamente documentada, sino cuestionar la excepcionalidad que posteriormente se construyó alrededor de ella. El historiador John K. Chance, en Conquest of the Sierra, muestra que el establecimiento del dominio español en la Sierra Norte fue un proceso prolongado, violento y lleno de retrocesos, en el cual los zapotecos serranos tuvieron un papel que pocas veces aparece en la memoria popular. Desde 1522 hubo expediciones españolas rechazadas en territorio zapoteco; Tiltepec fue escenario de sangrientos enfrentamientos, Choapan se levantó en 1552 y todavía en 1589 se documentaba una rebelión en el Rincón de la Sierra Juárez. Allí se encontraba también Ixcuintepec, hoy Tanetze de Zaragoza, que Chance identifica como la comunidad nexitza (böni dxidza) más grande al momento de la llegada española.
El contraste merece atención porque una de las grandes rebeliones mixes ocurrió en 1570 y fue reprimida por las autoridades coloniales, mientras que casi veinte años después todavía se registraba una rebelión en el Rincón. Esto no significa que debamos sustituir un mito por otro y proclamarnos ahora a los zapotecos como «los verdaderos jamás conquistados» (aunque siendo honestos me gustaría hacerlo); demuestra, más bien, que la resistencia prolongada no fue patrimonio exclusivo de los mixes y que la Sierra Norte permaneció durante décadas como un espacio donde el dominio español avanzó entre enfrentamientos, rebeliones, negociaciones y resistencias de distintos pueblos.
De ahí que resulte necesario preguntarnos qué significa realmente ser «jamás conquistados». Tanto mixes como zapotecos serranos terminaron incorporados, con diferentes ritmos y resistencias, a estructuras coloniales mediante la evangelización, el tributo y la reorganización política y territorial.
Lo interesante es que aquella representación construida durante el siglo XX no desapareció, sino que llegó hasta nuestros días. Casi un siglo después del Homenaje Racial, la expresión reaparece en Los nuevos caminos de la nación ayuuk, documental que recupera la memoria del rey Kondoy y la narrativa de los mixes como «los jamás conquistados», en el cual participa, entre otras voces Yásnaya Aguilar, quién ha sido férrea defensora de este mensaje. El documental permite observar el recorrido de una idea: aquello que las élites culturales oaxaqueñas contribuyeron a convertir en emblema aparece hoy recuperado y resignificado dentro de espacios contemporáneos de reflexión sobre la identidad mixe.
La pregunta, entonces, resulta inevitable, si los mixes resistieron durante décadas, pero también lo hicieron los zapotecos del Rincón, ¿por qué solamente una de esas experiencias terminó convertida en símbolo de excepcionalidad? Mientras la resistencia mixe quedó asociada con la poderosa expresión «los jamás conquistados», la memoria de Tiltepec, Choapan, Tanetze y los demás pueblos del Rincón prácticamente desapareció del relato popular, pese a que la documentación histórica muestra una Sierra mucho más difícil de conquistar de lo que después aprendimos a recordar.
Tal vez «los jamás conquistados» deba entenderse menos como una descripción literal de lo sucedido hace quinientos años y más como una poderosa construcción de la memoria oaxaqueña. La resistencia mixe fue real, como también lo fue la resistencia zapoteca serrana; lo que parece haber ocurrido después fue una selección de la memoria, mediante la cual una resistencia se convirtió en emblema mientras las demás quedaron relegadas. Por ello, antes que discutir quién merece el título de inconquistable, convendría preguntarnos quién construyó esa excepcionalidad, por qué Oaxaca terminó asumiéndola como verdad y cuántas otras historias quedaron en el camino mientras aprendíamos a repetir que sólo unos fueron «los jamás conquistados».
- Fuente: Escena de batalla en Tiltepec, Lienzo de Analco, siglo XVI. Fuente: BNAH-INAH / Noticonquista, Instituto de Investigaciones Históricas, UNAM.