Por Virgilio Marón 17/11/2025
Luigi Ferrajoli, que en el pasado era citado por todo jurista que quería presumir de estudioso, letrado y garantista, ahora es atacado por criticar la elección por voto popular de los jueces y magistrados en México.
Conviene recordar que este mismo autor nos decía que “la jurisdicción debe estar sustraída a toda influencia del poder político” (Principia Iuris, II).
Kelsen, en su Teoría Pura del Derecho, expresó: “El control judicial del poder presupone que quien decide no esté subordinado al órgano controlado”.
John Rawls, en su teoría de la justicia, sostenía que las decisiones de los poderes judiciales deben tomarse “desde una posición que excluya cualquier ventaja particular”.
Sin estas garantías, los derechos, los juzgados, las salas y las normas son declaraciones vacías.
El Poder Judicial es, por excelencia, la institución que debe mostrar su lejanía a las simpatías del poder político y económico; limita al más fuerte para que no avasalle al más débil.
En ese contexto, y en vísperas de la aplicación de la reforma judicial, la presidenta del Tribunal Superior de Justicia de Oaxaca parece haber confundido la independencia judicial con la cortesía política. Desde su llegada al cargo, se le ve más en actos públicos que en los pasillos del Poder Judicial. Participa sin rubor en ceremonias del Ejecutivo y del Legislativo, donde aplaude, sonríe y posa con diligencia para la fotografía.
Si la ministra Norma Piña optó por no levantarse de su silla frente al Presidente de la República, la funcionaria oaxaqueña va un paso más allá: camina arrastrando la toga. Se promueve en redes sociales como si la justicia fuera un producto de ocasión; cada like parece un caso resuelto o una venta consumada.
La indiferencia de los otros poderes le provoca ansiedad, y el ansiolítico llega en forma de reconocimiento: la mirada cómplice del diputado que presidía la Jucopo y la palmada del ciudadano gobernador.
La llamada “reingeniería” del Poder Judicial ha derivado en una competencia de imagen. El mejor perfil y la sonrisa más amplia en la foto de Facebook se convirtieron en sinónimo de gestión.
Se presumen como logros las tareas cotidianas y obligatorias, mientras los integrantes del nuevo tribunal parecen medir su valía por el brillo en sus redes sociales. La componenda, el reparto de posiciones, el despilfarro, la cuota y los cuates reemplazan a la justicia.
Por ese camino avanza la joven administración judicial. La justicia puede esperar; hoy las prioridades son otras. Los poderes se alinean entre sí, lejos de la molestia ciudadana.
La toga camina mancillada por las plazas de Oaxaca: ha abandonado los tribunales y se ha ido de gira en campaña política permanente. La independencia judicial se ha vuelto un recuerdo.