Antonio Fourzan
19 de noviembre 2020
Desde junio del 2019, a un año de que se lleve a cabo el proceso electoral, que será el parte aguas del gobierno de la 4T y de los partidos que hoy son oposición, por la importancia y el número de las posiciones políticas que estarán en juego: el Congreso Federal, 15 gubernaturas y en 30 estados se elegirán ayuntamientos y diputados locales, lo que se traduce en más de 3 mil cargos de elección popular que serán votados, por lo que no es exagerado decir que el resultado de estas elecciones marcará el destino político del país, por ello, he venido haciendo referencia en mis escritos a dos temas fundamentales: 1) voto inteligente y 2) gobierno profesional y con vocación de servicio.
Al hablar de voto inteligente hago énfasis en la necesidad de dejar atrás el voto visceral, el voto que damos movidos por nuestras emociones, que la mayor parte de las veces están ligadas a la inconformidad, al hartazgo de ver que gobierno tras gobierno ocurre un carrusel de corrupción e impunidad y que elección tras elección las promesas de corregir y cambiar nunca se cumplen, en consecuencia viene el voto de castigo y luego resulta que, salvo excepciones, nos va peor, o sea que al final los castigados acabamos siendo los ciudadanos, por ello hay que pensar muy bien a quién le damos el voto, porque mediante esta acción podemos estar lo más cerca posible de garantizar que tendremos un gobierno profesional y con vocación de servicio.
Para lograr que votemos de manera inteligente y tengamos un gobierno profesional y con vocación de servicio hay un requisito que cumplir: los ciudadanos tenemos que involucrarnos en los asuntos de interés público, es la única forma de saber por quién vamos a votar, de conocer su perfil y trayectoria, lo cual da paso a tener idea sobre cómo integrará su equipo de trabajo, al menos quienes serán sus colaboradores más cercanos, y ver si cumplen con las características de capacidad y experiencia para el desempeño adecuado de sus probables cargos, de esa forma podemos conectar el voto inteligente con llegar a tener un gobierno profesional y con vocación de servicio.
Ahora bien, puede darse el caso que un funcionario o varios no cumplan adecuadamente con la responsabilidad que se les confirió, entonces aquí tenemos una razón más para que como ciudadanos responsables estemos al tanto del desempeño gubernamental y exijamos que rindan cuentas y si no pueden con el paquete, que renuncien. Es la única forma de evitar que los malos funcionarios se dediquen a desperdiciar y peor aún a desviar los recursos públicos que debieran aplicarse para mejorar las condiciones de vida de la población.
En este último tema hay que estar muy conscientes del daño que provoca la incapacidad del gobierno, porque generalmente uno no cuantifica o mide el alcance de los errores de un gobierno o de algún funcionario en particular y miles de personas pueden resultar afectadas con pérdidas millonarias de su patrimonio, como ocurrió recientemente en la inundación de la zona baja de Tabasco. El 18 de octubre el Presidente realizó una gira a esta entidad y grabó un video desde la Presa Peñitas en el cual presumió el nuevo manejo que se le estaba dando al desfogue, ahora con criterios de protección civil, explicó que con dicho criterio se realizaba un vaciado de 300 m3 por segundo y que, ante la amenaza de intensas lluvias y por un “error de cálculo” se hizo un vaciado de 1,700 m3 por segundo, que tuvo como consecuencia el desborde de varios ríos. Por este hecho, el gobernador de Tabasco reclamo al Director General de la CFE. Manuel Bartlett, quién respondió que le daba risa la amenaza de demanda que le hizo el gobernador. Sin embargo, la situación escaló con las intensas lluvias producto de los huracanes que golpearon la región y se tuvo que liberar agua del vaso de la presa y en palabras del propio Presidente se decidió inundar la zona más pobre donde se ubican las comunidades chontales de Jalpa y Nacajuca, en lugar de Villahermosa, sin embargo, lo que el Presidente no dijo es que del lado de Villahermosa, la zona que se hubiera visto más afectada es la de su proyecto emblemático, la refinería de “Dos Bocas” cuyos terrenos de por si se inundan, hecho que ha quedado demostrado, al desfogar la presa hubiera quedado la obra totalmente bajo el agua.
Lo rescatable de todo esto es que por primera vez, López Obrador no le echa la culpa de los errores de la 4T a los conservadores, fifís, neoliberales o a la administración de Calderón o Peña Nieto, reconoció y públicamente habló del error de cálculo que ocasionó el desbordamiento de los ríos y también asumió la decisión de inundar la zona de los pueblos chontales, lo que sin duda tendrá un costo político, ya que sus paisanos no olvidarán estos “errores de cálculo” a la hora de votar. Este tipo de consideraciones marcan la diferencia entre un gobierno profesional y un gobierno que toma malas decisiones producto de una austeridad mal aplicada, combinada con funcionarios sin el perfil, capacidad y experiencia requerida para puestos con una alta responsabilidad. Así las cosas, CONAGUA no puede monitorear el estado de las presas del país, porque no tiene suficiente presupuesto para hacerlo: de las 1,200 supervisiones que tendría que hacer, solo hace 200 lo cual representa un terrible riesgo para los asentamientos humanos cercanos a dichas presas, hago votos porque no tengamos que ser testigos de más “errores de cálculo” en el manejo de las presas.
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