Por Virgilio Marón 08/11/2025

En la gran mayoría de las entidades federativas, las defensorías públicas mantienen un vínculo muy cercano con el Poder Ejecutivo, tal como ocurre en Oaxaca. Lo mismo sucede con las fiscalías, que, aunque se autodenominan autónomas, en la práctica siguen siendo afines al poder en turno.

Si a ello agregamos la elección por voto popular de jueces y magistrados —al menos durante los primeros nueve años—, el Poder Judicial también pasará a ser una parte más del gabinete “ampliado” o “fáctico” del o la titular del Ejecutivo.

El control total de la justicia

La pregunta es inevitable: ¿quién falta para que sea controlado todo el aparato de procuración y administración de justicia? La respuesta es clara: solo faltan los abogados litigantes o postulantes.

¿Y cómo se controlará a los litigantes particulares de todo el país?

Con la colegiación obligatoria impuesta por el Estado. Ese sería el siguiente paso para someter completamente a la justicia.

¿Qué es la colegiación obligatoria?

Significa que, para que un abogado o licenciado en Derecho pueda ejercer su profesión, deberá pertenecer a un colegio de abogados.

La configuración de este sistema varía en distintas partes del mundo, pero en esencia implica que, para poder litigar, el profesionista debe formar parte de una barra o grupo colegiado.

El problema surge cuando se establecen candados, como el hecho de que en un estado o región solo puede existir un colegio o barra, y que la afiliación a este sea requisito obligatorio para ejercer.

En ese escenario, la independencia profesional se diluye y el Estado tendría un mecanismo de control directo sobre quién puede o no ejercer el Derecho. Pues el registro de Colegio lo otorga el Estado, es decir el poder Ejecutivo.

Una vieja tentación

Ya ha habido intentos de colegiación obligatoria durante los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón. Sin embargo, ahora esa tentación ha regresado con más fuerza: el único espacio libre e independiente que queda también pretende ser ocupado por el poder público.

La pasividad del gremio

Los abogados han permanecido inertes ante la reforma judicial. Un poco por celos, orgullo o vanidad, otro tanto por enojos, venganzas o desencuentros personales con jueces y magistrados.

Es, quizá, el placer que algunos sienten ante la desventura del otro. Pero olvidan algo fundamental: todos son parte del mismo bosque. Y cuando se tala un árbol, tarde o temprano el bosque entero comienza a morir.

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