Por Virgilio Marón 22/10/2025

Me gustaría empezar recordando que un Estado “estamentario” se refiere a un sistema social dividido en diferentes estamentos o grupos, donde el estatus y los roles de cada individuo están determinados por su nacimiento. En pocas palabras: si naciste hijo de un zapatero, serás zapatero, y no puedes aspirar a ser algo más.

Con el disfraz de una “justicia más cercana” —que originalmente iba a llamarse “justicia de territorio”, pero se escuchaba demasiado a primavera oaxaqueña—, y bajo el lema de un poder “independiente”, se optó por cambiarle el nombre.

Lo que preocupa es que, como en todos los actos públicos del Poder Judicial desde su fundación, los magistrados siguen estando en un templete arriba, mientras los ciudadanos permanecen abajo. Los gastos y viáticos del reciente viaje a Pochutla deberían transparentarse: si no hubo viáticos, también deberían informar quién pagó los gastos, para evitar suspicacias.

La propuesta de la magistrada presidenta de recorrer todas las regiones con los magistrados, en una especie de campaña para asegurar los votos que le permitan su reelección, margina a los jueces y sus legítimas aspiraciones de llegar a ser magistrados. Se les quiere vender la idea de que sigan siendo jueces, que los magistrados sigan siendo magistrados, y que así “a todos les irá bien”.

Parece que en la elección de 2027 se compite más por poder que por valores. Pero el poder sin propósito no significa nada: no es la fuerza la que te mantiene de pie, sino tu causa. El poder se acaba, el valor jamás. La verdadera fuerza no esta en romper muros sino en ser uno cuando todo se derrumba, la justicia necesita gigantes.

Si analizamos uno por uno los perfiles de los actuales magistrados, veremos que muchos de ellos no son jueces de carrera judicial. Son abogados litigantes que decidieron entrar a la judicatura, oradores de partidos, notarios o defensores públicos. Los jueces de carrera —los verdaderos pilares de la impartición de justicia— son los grandes ausentes en este proceso. Todos deberíamos estar más atentos a lo que está ocurriendo.

Y ante la inminente transformación —o desaparición— del Poder Judicial tal como lo conocemos, quiero cerrar con un pequeño cuento:

Un soldado pide permiso a su capitán para volver al campo de batalla en busca de un amigo.

—“Se le niega el permiso, es inútil que vayas, está muerto”, responde el capitán.

El soldado desobedece la orden y regresa con su amigo en brazos, muerto.

—“Te lo dije, era inútil que fueras”, insiste el capitán.

—“No, mi capitán, no fue inútil —responde el soldado—. Cuando llegué aún estaba con vida, y alcanzó a decirme: sabía que ibas a venir.”

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