Oaxaca, Oax., 25 de abril de 2022.- Hace algunos días se destapó la cloaca en el Colegio de Bachilleres del Estado de Oaxaca, pues fue del dominio público que su flamante directora Verónica Hernández González, mejor conocida como “la doctora Vero” hace uso del nepotismo y tráfico de influencias en todo su esplendor para proteger a personas de dudosa reputación, incluido su esposo e hijo en el Cobao 01 de Pueblo Nuevo.

Por si esto fuera poco, no solo utiliza el poder de la cuarta transformación para colocar a diestra y siniestra a sus familiares y amigos, sino también para ser solapadora y encubridora de agresores sexuales y violentadores de mujeres e infancias, a través de favoritismos y compinches de las “altas esferas” sociales.

El listado que llega a nuestra redacción es amplio, pero sobresale el del ex director del IFREO quien a través de sus influencias logra colocar a Eduardo Alfonso Solana Meixueiro uno de sus compadres y amigos cercanos, y que como los otros 35 millones de hombres que procrearon hijos y que no asumen su responsabilidad en México, se escuda en una institución a fin de continuar evadiendo su responsabilidad paternal.

Si de por sí, esto es lamentable, más lastimoso es que, pese a los avances legales y movimientos sociales de mujeres a lo largo y ancho del país, haya instituciones que, desoyendo toda ética, protejan a los violentadores de mujeres e infancias, para que continúen en la impunidad. 

Que una persona evada su responsabilidad es, por lo menos, vergonzoso, pero que una institución como el COBAO, al peor estilo patriarcal siendo su titular una mujer, lo cobije y asuma, con ello, la defensa de esa inmoralidad, es absolutamente injustificable, dejando con esto al descubierto la complicidad patriarcal de un hombre irresponsable y de una institución como el COBAO y como muchas otras más que operan de la misma manera; ajena a los avances en esa materia, sorda a la justicia, incapaz de toda empatía y dispuesta a sostener a contra corriente una postura arcaica, machista y socialmente inaceptable. 

Por ello, toda denuncia de esa bajeza social es plenamente justificable. Contra una inmoralidad de este tamaño, solo queda la denuncia pública. A ver si así la justicia se impone a la inmoralidad.

Por Editor